Cuando el intento se convierte en el éxito

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Fernando del Villar: “Me considero un trabajador. Mi forma de nadar no iba tanto con la calidad sino con el trabajo día a día”

Por ULRICH ÁLVAREZ //

¿Dónde está el límite? Se pregunta el triatleta Josef Ajram en su libro homónimo, llegando a dilucidar que él no sabe dónde está, pero sí dónde no está. Fernando del Villar (Zaragoza, 1980), con la sonrisa que le caracteriza, afirma orgulloso saber dónde se encuentra el suyo. “Mi objetivo era llegar a ser olímpico y no lo conseguí. Dediqué todo un año exclusivamente a ello y no pudo ser, pero me quedo con haberlo intentado“. Sincero, directo, sin humo. Un hombre de casi dos metros que bien podía parecer un jugador de baloncesto, pero que demuestra con su continua gesticulación la rapidez en sus movimientos, propios de un nadador. Incisivo y sin pelos en la lengua, siempre hablando con sinceridad dentro de un tono alegre y distendido, una entrevista con él bien parece una charla entre amigos.

El deporte produce en algunas personas que lo practican una adicción difícil de dejar, de abandonar del todo. Pueden pasar los años pero el gusanillo sigue dentro de ellas y en ocasiones sale disparado en forma de nuevos retos. El esfuerzo, la superación y la propia competición es algo que se lleva en la sangre durante años y en ocasiones una pequeña válvula de escape ayuda a colmar esa necesidad de pequeño vacío que queda dentro de un deportista tras retirarse. El caso de Fernando no es distinto a lo que intentamos explicar. Tras haber practicado la natación durante más de una década, nuestro protagonista sólo ha podido estar parado durante dos años. Actualmente el triatlón es el que ha conseguido calmar la necesidad innata en él de practicar deporte. Una necesidad que se podía observar incluso cuando nadaba y le ofrecieron participar en la disciplina de salvamento acuático. Lo hacía porque se divertía dentro del agua, y de eso va esto, de divertirse y disfrutar del deporte. Y encima no se le daba nada mal.

¿Qué lleva a un ingeniero en telecomunicaciones de 33 años, casado y a punto de tener un hijo, a hacer triatlón?

Viene un poco de toda mi vida deportiva. Con quince años ya estaba liado con el deporte. A partir de los 27 estuve dos años parado y me dediqué a estudiar otra carrera, pero me faltaba algo. Quería retomar el deporte pero de una forma más amateur, más popular. Y me decidí por el triatlón. Siempre lo he querido hacer porque mi entrenador  de natación cuando era pequeño era y es triatleta, y siempre he tenido el gusanillo. De hecho todos los de mi generación que hemos entrenado con él hemos acabado haciéndolo. Digamos que siempre he hecho deporte de alto rendimiento y ahora me dedico a disfrutar del deporte.

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Pero el triatlón es un deporte muy sacrificado, ¿cuántas horas le dedicas al día?

Cuando comencé a hacer triatlón lo planteé como un disfrute, algo que complementa mi vida, no que sea mi vida. Normalmente entreno todos los días menos el domingo y no suelo hacer más de hora y media al día.  He invertido muchas horas de mi vida al deporte y ahora, con el bebe que está apunto de venir, priorizo el tiempo en otras cosas.

A pesar de ello y tomándotelo como lo haces de una manera más amateur, encontrar hora y media cada día en la vida de alguien que trabaja y tiene familia es algo bastante complicado, ¿de dónde sacas el tiempo?

Lo saco porque siempre he sido súper ordenado. Antes estudiaba una carrera mientras hacía deporte de alto rendimiento, lo saco  de debajo de las piedras. Por ejemplo a la hora de comer en el trabajo dedico media hora para comer y la otra media hora para salir a correr. Son detalles que me permiten estar suficientemente en forma para disfrutar de un triatlón.

Mi objetivo es disfrutar, si puedo quedar delante mejor, pero mi objetivo no es quedar entre los cuarenta primeros, por decir algo. Disfrutar del deporte popular, no de la competición.

Hablemos ahora de tus inicios. Empezaste haciendo natación en tu ciudad, Zaragoza…

No es del todo correcto. Yo empecé haciendo natación y waterpolo en el E.M. El Olivar, un club de Zaragoza de alto nivel. Era portero de waterpolo y fondista de natación, quizás las dos disciplinas más complicadas. El portero en waterpolo está siempre en movimiento, dando saltos, mientras los demás llegan, tiran y descansan hasta que les vuelve a tocar. Y el fondo en natación es la disciplina que requiere de más volumen, por lo que llegó un momento en el que me dije se acabó. A los dieciséis dejé el waterpolo, un pequeño error pues al año siguiente el seleccionador nacional de aquel momento preguntó por mí.

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¿Qué hizo que te decantaras por la natación y dejaras el waterpolo de lado?

No llegaba, era una vida muy difícil. Comenzaba a las cuatro de la tarde a nadar, luego venía el waterpolo y aterrizaba por casa a las diez. Además el ambiente que hay dentro de la natación me gustaba más, la veía como superarte a ti mismo y me atrajo desde siempre.

“En mi primer campeonato de España quedé último. Siempre lo recuerdo porque me resulta bonito ver la evolución”

Te decides por la natación y llegas a ser campeón de España tanto junior como absoluto. ¿Te acuerdas de la primera vez de ambos?

Matizo, campeón de España absoluto siempre en relevos, mi sino. Recuerdo tanto el primer campeonato de España en el que participé como el que gané por primera vez. El primero porque quedé el último, siempre lo cuento porque me resulta bonito ver la evolución. Luego vas mejorando y vas creciendo hasta llegar a ganarlo, pero el primero quedé último. La primera medalla fue curiosa porque quedé campeón de España pero me descalificaron por un gesto técnico. Luego en el verano siguiente quedé segundo pero al que quedó primero lo descalificaron, por lo que al menos una vez me sentí campeón de España.

Tras ello consigues seis medallas de oro, catorce de plata y trece de bronce en absoluto y superas las cincuenta internacionalidades con el equipo nacional, ¿cuál es el mejor recuerdo que tienes de ese equipo?

Empecé tarde, el último año de junior. Casi como mi progresión, que empecé último y fui mejorando. Tuve la suerte de que me enganché al carro y no me solté. El entrar en el equipo me abrió las puertas a entrar en un centro de alto rendimiento en Madrid, donde estuve cuatro años entrenando y viviendo. Con lo que me quedo de esa época es con la gente de ese equipo nacional, actualmente seguimos siendo amigos. Mucha gente te pregunta si lo que más recuerdas son las medallas y es algo obvio, pero de lo que más orgulloso estoy y que más me vale es que actualmente sigo llamando a las personas con las que hace quince años nadaba y seguimos quedando, riendo…  ¡Y eso que éramos súper rivales!. Creo que no sólo el equipo nacional, sino la propia natación crean una serie de lazos afectivos muy grandes.

“Era muy versátil. Siempre me he sentido apoyado en los equipos porque siempre que faltaba alguien para nadar alguna prueba allí estaba yo”

Porque la natación, a pesar de ser un deporte individual también es muy de equipo. Algo que tú, relevista consumado, sabes más que ninguno.

Sí, totalmente de acuerdo. De hecho en los últimos años que competí  aguanté por el espíritu de hacer relevos. Para nosotros era una cosa muy divertida. Tengo amigos que tenían un rendimiento mucho mejor en relevos que individualmente, porque te sugestionaba. Cuando estás compitiendo por subir o no bajar, ahí se nota que formas parte de un equipo y que todos van a una. Yo siempre he sido muy de equipo porque era muy versátil. Siempre me he sentido apoyado en los equipos porque siempre que faltaba alguien para nadar alguna prueba allí estaba yo.

Fernando, ¿qué supone la natación para ti?

La natación para mí ha sido todo. Desde los dieciséis hasta los veintisiete ha marcado mi ritmo de vida, te marca como persona. Forja tu carácter, tu manera de ver las cosas, y en muchas entrevistas de trabajo se valora. El sacrificio por un objetivo. Yo me considero un trabajador. Mi forma de nadar no iba tanto con la calidad sino con el trabajo día a día. Entrenaba mucho.

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¿Te ha dado más que quitado?

Sí, por supuesto. Cada año tienes que valorarlo, por ejemplo el año que me vine de Barcelona a Zaragoza vi que daba más de lo que recibía a nivel de todo. Necesitaba estudiar, sentirme realizado. Es muy sacrificado. Si tú entrenas mucho y no sale, entrenas mucho más y sigue sin salir, dejas de estudiar y tampoco…  Yo fui claro conmigo mismo, mi objetivo era llegar a ser olímpico, lo dejé todo durante un año y vi que no lo podía lograr. Vi que ahí estaba mi tope. Lo que no quería era pensar en “si yo hubiese entrenado…”, lo intenté, no se pudo y se acabó. Yo lo digo con mucho orgullo: no soy olímpico porque no tengo el nivel, pero yo lo intenté. Me quedé por el camino pero también gané muchas cosas por ese camino, además de la satisfacción de intentarlo. Me quedo con eso y con haber disputado el Europeo de Madrid.

Tú pasión por el deporte va más allá de la natación. Cuando todavía practicabas ésta te dio por hacer simultáneamente salvamento acuático donde demostraste que tenías cualidades para ello, siendo campeón de España, Europa, del Mundo, ganando los World Games… ¿Cómo surgió la oportunidad?

Cuando me volví a Zaragoza de Barcelona llegué con un problema del sistema nervioso por culpa del estrés que sufrí intentando llegar a las Olimpiadas. Vagotonía se llama, y el médico me dijo que tenía que estar tres meses sin nadar, hacer reset. Llegué allí y me encontré con mis amigos de toda la vida y nos pusimos a hacer deportes como locos. Después volví a estudiar y a entrenar pero a unos niveles de volumen muy inferiores a los que estaba acostumbrado en el Sabadell. Me dediqué a vivir un poco. Y en una de éstas un amigo me dijo que estaba haciendo un deporte en Calatayud, cerca de Zaragoza, y que si me quería apuntar. En el equipo tenía a dos amigos así que me dije vamos a probar. Y se me daba muy muy bien. Todo fue muy rodado.

¿Cómo funciona el deporte?

El salvamento se hace en piscina y en playa. En la parte de la piscina te ponen obstáculos, bucear, darle a las aletas, rescatar una víctima… Y el maniquí es muy pesado. Yo al tener una espalda tan grande me lo colocaba muy bien y como tengo mucha flotabilidad se me daba de lujo. Fui al primer campeonato de mi vida de salvamento, fui campeón e hice record de España. Me vino muy bien por el grupo humano que fuimos. Coincidió que ese año estaba nadando muy bien, fue el del Europeo de Madrid. Luego fui a mi primer mundial de salvamento y quedé campeón del mundo. Me enganché.  

Y poco después llegó el momento más difícil para un deportista, decir adiós. ¿Cómo y porqué diste el paso hacia la retirada?

El día que dije que me tenía que retirar fue cuando levanté el brazo para coger una coca-cola y me dio un zarpazo que casi no podía ni moverme. Una vez retirado si es verdad que te duele más el cuerpo cuando no haces deporte que cuando sí lo haces, pero en ese momento era lo que tocaba. Y quizás el desencadenamiento de mi retirada fue el salvamento donde me cargué un brazo. Soy muy burro y el sobreesfuerzo pasó factura. Hice mi último año de natación y me retiré. Nunca antes había tenido ninguna lesión física fuerte, quizás un pequeño problema en la muñeca que me la tuvieron que operar pero nada más.

“Mi tiempo de entrenar se acabó, ahora queda disfrutar del deporte. He pasado de obligación a disfrute”

Pero el deporte no lo puedes dejar…

Me falta algo, me falta algo. Yo cuando dejé de nadar me puse a estudiar a distancia en la UNED y duré dos años sin hacer nada. Ahora no quiero entrenar, voy en bici y no entreno sino que voy en bici. Lo mismo si nado o cuando corro, mi tiempo de entrenar se acabó, ahora queda disfrutar del deporte. He pasado de obligación a disfrute. Y cuando llegue Guillem, mi hijo, volveré a priorizar.

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Quizás sea verdad y Fernando del Villar lo deje de una vez por todas. O quizás no, quizás entre biberón y biberón encuentre media hora para correr y calmar esa adicción que se llama deporte. Lo que está claro es que ese amor que siente por éste ha llevado a Fernando a ser la persona que es hoy en día. El amor y la pasión, el sacrificio y trabajo han forjado el carácter de una persona que transmite alegría y felicidad por los cuatro costados. Un currante del deporte que diecisiete años después sigue disfrutando igual o más que el primer día.

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3 pensamientos en “Cuando el intento se convierte en el éxito

  1. No tengo palabras para definir a Fernando, gran deportista, gran persona y un maravilloso amigo. Para mi, la natación no habría sido lo mismo sin Fernando del Villar, tu tienes la culpa de gran parte de las alegrías que me ha dado este deporte. Espero que todo te vaya genial. Eso si, esto no ha terminado todavía, espero verte de nuevo en una piscina, y por supuesto, te quiero tener como rival y como compañero de equipo.

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