Cuatro décadas sobre el parqué

IVÁN CORRALES

“Una vida mirando a canasta”

Por Rubén García Parra // 

Con la voz desgañitada tras el partido de sus chicos, nos recibe en un vestuario del Palau Olímpic de Badalona. Uno de esos rincones históricos donde se forjan las victorias y se asumen las derrotas de los grandes equipos. Iván Corrales (Plasencia, 1974) sonríe al preguntarle por los recuerdos que le trae este lugar: “Volver aquí siempre me trae grandes recuerdos por mis años de formación y por los que pasé como profesional, siempre seré de la Penya”.

Iván es de esa escasa raza de personas que no tiene pelos en la lengua y no deja nunca nada en el tintero. Tiene ya 38 años y continúa practicando baloncesto, “sigo sintiendo esas mariposas dentro del cuerpo cada vez que juego”. Milita en las filas del Sant Adrià, club que le vio nacer como jugador, “para mí era un sueño poder acabar mi carrera en el equipo de mis orígenes”. Iván es un enfermo del básquet y no se conforma solo con jugarlo, también entrena a un grupo de niños de entre ocho y nueve años. Demuestra su pasión en todo momento. Le observamos desde la grada dirigir a sus pupilos y vivir cada acción del partido con alta intensidad. En la actualidad, continúa viviendo por y para el básquet, juega y entrena en Sant Adrià y también forma parte del organigrama del club.

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El veterano jugador no pierde la ilusión de seguir disfrutando del baloncesto

Se le iluminan los ojos mientras le recordamos el Campeonato de Europa conseguido con la Penya en el 94 y cuenta que “de eso tengo recuerdos que son una pasada”, insiste con una sonrisa. “Recuerdo que después del partido, de camino al hotel, llamé a mi casa y a Joan Plaza y pregunté si esto era real, si era cierto que yo estaba aquí y habíamos ganado la Copa de Europa”. Iván ha vivido grandes momentos dentro del parqué, como bien demuestra su palmarés, pero también ha sufrido capítulos negativos. El más duro ocurrió en 1999, cuando fue acusado de violación. Iván pertenecía por aquel entonces en el Caja San Fernando, de Sevilla, jugando a un gran nivel y habiendo conseguido meses antes la medalla de plata en el Eurobasket de Francia. Se tardó tres años en demostrar su inocencia y vivió un auténtico viacrucis: “Fue muy duro y trastocó mi carrera, yo estaba jugando a un nivel en unos grandes equipos y pasé a ver que ningún equipo confiaba en mí”, continúa con resignación, “me tuve que marchar a Italia para poder volver a jugar aquí”. Sobre el proceso cuenta que “lo más duro fue larga la espera para demostrar mi inocencia, pero yo tenía la conciencia muy tranquila”. No quiere pensar qué hubiera sucedido en su carrera si no se hubiese dado este hecho: “No pienso qué habría pasado, la vida hay que vivirla como te viene y hay que asumir estas situaciones”.

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El de Plasencia es del reducido grupo de jugadores españoles, anterior a los Gasol, Navarro y compañía, que tienen una medalla en un Europeo: “Fue un sueño, demostramos que España podía competir a un alto nivel en baloncesto”. Iván se acuerda de su pasado: “A nivel personal, para un chico de Sant Adrià llegar a conseguir una medalla era algo muy grande”. Corrales ha recorrido media España jugando a básquet, por cada club en el que ha estado ha compartido vestuario con grandes jugadores o entrenadores como pueden ser Obradovic, Imbroda, Turner o Herreros, entre muchos más. Pero si le pedimos elegir a un entrenador lo tiene claro, se queda con técnicos de la Penya: “Elegiría a dos, uno de formación, que sería Joan Plaza, y otro como profesional, Alfred Julbe”. En cuanto a los compañeros, “prefiero quedarme con lo vivido dentro y fuera de las pistas, con muchos aún guardo una gran amistad y eso es muy importante”.

Podríamos decir que Corrales ha vivido todas las etapas de un jugador de baloncesto. Desde sus inicios en la Betsaida, donde “empecé con cinco años y no llegaba ni al aro”, hasta su profesionalidad en la Penya y diferentes clubs del país. Ahora Iván disfruta enseñando a los niños que, como él, empiezan a practicar este deporte de bien pequeños. Su filosofía es clara: “disfrutar jugando al baloncesto, sin pensar en nada más”. Tras toda una vida dedicada al básquet, se siente orgulloso de haber disfrutado con pasión este deporte: “La suerte que he tenido es que como profesional he seguido disfrutando del básquet igual que lo hacía con cinco años cuando empecé en la Betsaida”. Pocos profesionales del mundo del deporte podrían presumir de seguir en activo, cercanos a la cuarentena. Iván continúa en forma y por sus venas sigue corriendo mucho básquet. Hablamos con un auténtico loco del deporte de la canasta que, cuando se despide, nos lo sigue demostrando: “Para todo lo que sea relacionado con básquet aquí me tenéis”. Iván Corrales es de esos jugadores que nace con un balón debajo del brazo y con la mirada siempre puesta en el aro.

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