¿Dar el salto o no darlo?

ADRIÀ GARCIA

“¿Dar el salto o no darlo?”

Por Nil Cuchí //

Como si de una simple charla entre amigos se tratara, él se sienta en el sillón, se pone cómodo y empieza a hablar de la vida que le espera como si ya la hubiera vivido. Adrià Garcia (Barcelona, 1994) se mueve entre su gran futuro en el mundo de los saltos de trampolín y la cotidiana rutina universitaria de cualquier chico de su edad. Compagina como puede su vocación de saltador con los estudios de medicina que cursa en la Universidad Autónoma de Barcelona, sabiendo que un día tendrá que elegir entre una u otra. Tiempo no le sobra precisamente, pero siempre encuentra un hueco para relajarse tras una intensa semana.

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“El deporte que practico me exige mucho más que a otra gente. Son seis horas diarias entrenando, de lunes a sábado”, admite. “Es muy difícil compaginarlo con otras cosas, como por ejemplo las clases. No tienes tiempo, y el cansancio físico juega siempre en tu contra”. Para Adrià, lo habitual es llegar a su facultad justo a tiempo para empezar las clases, y de vez en cuando, tarde. Sonríe y reconoce que combinar unos estudios que requieren mucha dedicación con su otra pasión es duro, pero precisamente los saltos le han demostrado que hay que aceptar los retos.

El idilio de Adrià con los saltos se fraguó con el tiempo. Su madre, también saltadora, le presentó el mundo del trampolín como una simple salida al sedentarismo. Tenía ocho años.

El suyo es uno de los muchos casos de jóvenes que se encuentran con la encrucijada de elegir entre apostar por el deporte al que se dedican o dejarlo para sentar una base sólida con los estudios universitarios. En el Centre d’Alt Rendimient deportivo (CAR), en Sant Cugat, son varios los chicos y chicas que se encuentran en su situación: “Hoy por hoy, prefiero los saltos a la medicina”, asegura. “Mi cuerpo nunca más estará a este nivel, pero mi mente aguantará mucho más”. Para él, los estudios son “aplazables”, mientras que el tren del deporte pasa más rápido.

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No obstante, la visión de Adrià no ha sido siempre la misma. Admite que una vez pensó en dejar los saltos: “Hace dos años yo estaba dispuesto a entrar en la facultad de medicina. Para ello tenía que estudiar mucho, así que me planteé dejar el deporte”. Su entrada en el CAR lo cambió todo: “Cuando me dieron la beca deportiva, decidí seguir compitiendo”.

En dicho centro, los jóvenes siguen un plan específico que les permite compaginar los estudios que cursan con el deporte al que se dedican. Sin embargo, esto no refuta una realidad: la necesidad obligada para los jóvenes de terminar apostando por una cosa u otra.

Adrià remarca que su intención es “seguir con los saltos, y los estudios ya veremos”. El joven saltador habla sobre su futuro como si estuviera recordando el pasado, en cuanto a seguridad se refiere. Asegura que a los chicos y chicas que están en su situación “les toca escoger en algún momento de su vida”. Muchos de ellos reciben becas para irse a estudiar al extranjero. Su caso no ha sido una excepción: “He solicitado una beca para ir a estudiar a Hawái. Aunque puede que tenga que cambiar de carrera, supone una oportunidad importante para mí para ser más competitivo.”

Y es que él se encuentra en la finísima línea que separa a un joven universitario corriente de un deportista profesional de mucha proyección. Su actitud respecto a su situación se mantiene en plena sintonía con ella. Preguntado por si se le verá en los próximos Juegos Olímpicos, que se disputarán en Rio de Janeiro en 2016, responde con la más absoluta naturalidad, como si no se lo creyera, o bien como si lo tuviera más que asumido.

“Espero que sí, yo trabajo con el objetivo de estar en los próximos Juegos Olímpicos”, asegura. “Mi primer objetivo es entrar en el equipo nacional, e intentar mantenerme en él hasta que concluya el período olímpico y así llegar a Brasil”, dice, acompañando sus intenciones con una sonrisa optimista.

Es el cuarto candidato del equipo español para representar al país en las próximas olimpiadas. En su mano está llegar a Rio como primero. En la otra, concluir unos estudios universitarios que parecen más que necesarios en el contexto económico actual.

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